Montaner, terrorista
POR JEAN-GUY ALLARD —especial para Granma Internacional—
AL almuerzo del sábado 24 de diciembre de 1960, a unas horas de la celebración de Navidad, la popular tienda por departamentos Flogar, calle Galiano esquina a San Rafael, en La Habana, se encuentra llena de clientes. Juan René Maragosa, de 13 años de edad, sale de la cafetería con su hermana, Marta, y su mamá, Alicia, de repente, una fuerte explosión los proyecta al suelo.
En un operativo relámpago,
17 terroristas fueron localizados y
detenidos, la mayoría en sus
domicilios, mientras se descubren
tres fábricas de bombas y se ocupa
una importante cantidad de armas
y explosivos.
Juan René Maragosa, de 13 años de
edad, víctima de una bomba de la red
de Montaner.
Cuando encuentran la fuerza para mirar a alrededor, ven a una docena de personas heridas, también en el piso, entre ellas la pequeña Olga, una niña de 5 años, y Marta Borroto, una muchacha de 14 años.
Con la cara cubierta de sangre, Juan René, herido por un fragmento del potente artefacto explosivo, es rápidamente socorrido y transportado al hospital donde la eficiencia del personal médico le salvará la vida.
Los investigadores de los Organos de Seguridad —llamados G-2— intervienen con celeridad para recoger indicios que confirmen sus sospechas. Una vez más, la bomba colocada ha sido fabricada con dinamita gelatinosa, un producto introducido en el país por los servicios norteamericanos de Inteligencia.
Apenas dos años después del triunfo de la Revolución, y a menos de cuatro meses de la invasión de Playa Girón, los grupos contrarrevolucionarios, dirigidos desde Miami, se encontraban muy activos, con un total apoyo de la Agencia Central de Inteligencia tanto en términos de dinero como de logística.
Pero la joven contrainteligencia cubana no dejaba de marcar puntos.
El lunes 26 de diciembre, en horas de la madrugada, un amplio operativo del G-2 da un golpe mortal a esa red que venía colocando bombas en centros comerciales desde hacía tiempo.
En unas horas, 17 terroristas están localizados y detenidos, la mayoría en sus domicilios, mientras se descubre tres fábricas de bombas y se ocupa una importante cantidad de armas, explosivos y material de fabricación de éstas.
El día siguiente, el periódico Revolución anunciaba en grandes letras en su primera página: “Ocupan fábricas de bombas” y reportaba el arresto de esos cubanos cuyos vínculos con la CIA serán rápidamente documentados, y el descubrimiento, en casas de los sospechosos, de 17 bombas “confeccionadas con dinamita gelatinosa” de fabricación norteamericana —un alto explosivo obtenido a partir de la nitroglicerina.
Varios bloques de C-3 —un explosivo destinado a producir voladuras y caracterizado por iniciarse tanto por el calor, una llama o una simple chispa— son también ocupados. En el cartón de los paquetes rectangulares aparece la advertencia: “Un bloque es equivalente a media libra de TNT”.
ENTRE LOS SOSPECHOSOS, UN JOVEN FANATICO
El diario identifica, entre los sospechosos, a un joven extremista, Carlos Alberto Montaner Suris, “vecino de 88ª, número 309, esquina a Tercera A”, en el entonces exclusivo barrio de Miramar, en la capital.
En el domicilio de Montaner, precisa el periódico, “se ocupó un maletín de lona, cuatro detonadores, un rollo de mecha, un pomo con tres barras de fósforo vivo, dos rollos de tape, cuatro cartuchos de municiones, dos pantalones verde oliva y dos camisas de miliciano”.
Aunque tiene sólo 17 años, Montaner ya ha desarrollado lazos con la CIA por su vinculación con el llamado Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR).
Entre otros hallazgos de los oficiales de contrainteligencia aparecieron en el domicilio de Alfredo Carrión y Manuel Néstor Piñango Pérez, dos de los cabecillas de la red, “una metralleta Star y dos revólveres de calibre 38”.
Finalmente, otro elemento que vincula la red directamente al crimen de la tienda Flogar: “en calle 46, número 3505 en Marianao, se ocupó una cantidad de cigarros a granel cuyas cajas (los terroristas) utilizaban como recipientes para los petardos que confeccionaban con dinamita gelatinosa”.
Mientras, sus cómplices son juzgados por un tribunal y condenados ante la enorme cantidad de pruebas, las autoridades judiciales, teniendo en cuenta su edad, confían a Montaner a una institución para menores, de seguridad mínima. Pocos meses más tarde, se escapa... para refugiarse en una Embajada latinoamericana complaciente, donde se le esperaba con instrucciones de facilitarle un salvoconducto.
El joven terrorista salió de Cuba con destino a Estados Unidos el 8 de septiembre de 1961.
CON POSADA Y BOSCH EN FORT BENNING
En su nueva patria, Montaner integra las Fuerzas Armadas y, a principios de 1963, está ubicado con un grupo operativo de la CIA en la academia norteamericana del terror de Fort Benning, Georgia.
Allí, comparte con los Luis Posada Carriles, Jorge Mas Canosa, Orlando Bosch y otros futuros ‘jefes’ de la Miami mafiosa.
Después de tres años en Puerto Rico, el entonces oficial de la CIA, Montaner, está asignado a la España de Francisco Franco, donde realiza varias tareas por cuenta de la compañía, siempre en colaboración con la Policía Secreta española, sometida a las orientaciones de los servicios especiales estadounidenses.
Entre otras actividades vinculadas al terror, en julio de 1973, siguiendo orientaciones de la CIA, Montaner ayudó al terrorista Juan Felipe de la Cruz a entrar a España y atravesar secretamente la frontera con Francia para repetir en París el atentado que había realizado en Montreal el año anterior, provocando la muerte del diplomático cubano, Sergio Pérez Castillo. El 3 de agosto 1973, De la Cruz moría al explotársele su propia bomba en un suburbio de París.
Se sabe que Montaner siempre mantuvo lazos muy fluidos con sus socios de Fort Benning: Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, los fundadores de la CORU, el grupo más activo de la Miami terrorista, y Jorge Mas Canosa, creador de la Fundación Nacional Cubanoamericana que aseguró un apoyo financiero y logístico indefectible a Posada y sus mercenarios.
Sin embargo, muchas preguntas siguen abiertas acerca del personaje que ha tratado de fabricarse una confortable imagen de “intelectual” madrileño.
¿Qué hacía Montaner mientras la CORU repartía bombas y asesinaba desde Montreal hasta Buenos Aires, apoyando la operación Cóndor de la DINA de Pinochet?
¿Dónde se encontraba este agente cubanoamericano de la CIA por excelencia cuando Michael Townley, el sicario prestado por la Compañía a la dictadura chilena, se encontraba en Madrid conspirando con el fascista italiano Stefano delle Chiaie para asesinar en Roma al líder demócrata cristiano chileno Bernardo Leighton y su esposa?
¿Qué secretos quedan escondidos en los archivos de la CESID española, la siniestra policía franquista —cuyos mejores operativos fueron formados en Fort Bragg, EE.UU.— acerca de Carlos Alberto Montaner y su apoyo al terror anticubano?
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Granma miente
Carlos Alberto Montaner
Granma, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, ha intensificado su vieja y gastada campaña de difamación en mi contra. El 2 de agosto, en la edición internacional digital, y luego en la versión semanal aparecida el día 8, parcialmente reseñada por la Agencia France Press desde La Habana, me acusan de actos terroristas supuestamente cometidos en 1960, hace casi medio siglo, cuando yo tenía 17 años, de haber sido reclutado por la CIA y posteriormente adiestrado en Fort Benning, Georgia, a la que califican de “academia norteamericana del terror”.
No satisfechos con esta fantástica biografía a lo James Bond, afirman que la CIA primero me trasladó a Puerto Rico, y más tarde a España. En España, según estos imaginativos policías, trabé contacto con las fuerzas represivas del franquismo, adiestradas, naturalmente, en otros siniestros cuarteles norteamericanos, tuve no sé que extraño contacto con una persona que murió en Francia como consecuencia del estallido de una bomba que fabricaba, y, en el colmo de la calumnia, insinúan que alguna relación pude tener con los crímenes del pinochetismo cometidos en el exterior.
Todo eso es falso. Cuando tenía 17 años, en efecto, en diciembre de 1960, fui detenido junto a otros tres estudiantes por “conspirar contra los poderes del Estado” y se nos condenó a la entonces benigna pena de veinte años de presidio. Si nos hubieran acusado de terrorismo o de la muerte de alguna persona, nos hubieran fusilado, como era usual en esos momentos. En realidad, ni siquiera nos acusaron de una acción concreta porque fuimos apresados casi en el momento mismo en que comenzábamos a intentar ayudar a las guerrillas campesinas del Escambray que luchaban heroicamente para tratar de impedir la consolidación de la dictadura comunista en Cuba. Yo pude escaparme de la cárcel a las pocas semanas de haber sido condenado, y luego conseguí asilo en una embajada latinoamericana, pero mis valientes compañeros Jorge Víctor Fernández, Néstor Piñango y Alfredo Carrión sufrieron una horrenda prisión que destrozaría sus vidas para siempre. Alfredo Carrión, fue asesinado por un guardia durante su cautiverio.
Jamás he sido agente o colaborador de la CIA y, por supuesto, nunca en mi vida he puesto un pie en Fort Benning, como puede comprobar cualquiera que solicite la lista de reclutas o egresados de esa academia militar norteamericana. La infatigable CIA no me mudó a Puerto Rico, sino fui a esa bella isla por mis propios pies contratado como profesor de literatura por la Universidad Interamericana, institución que, cuatro años más tarde, facilitó mi traslado a España con el objeto de que me doctorara en la Universidad Complutense. Una vez en Madrid, además de estudiar, sin recursos, pero con cierto instinto para los negocios y muchas ganas de trabajar, comencé junto a mi mujer una editorial de corte académico que en treinta años de relativo éxito publicó más de 500 títulos, casi todos relacionados con la enseñanza de lengua y literatura.
Nada tuve que ver con la policía franquista. Llegué a España en 1970 y hasta la muerte de Franco (1975) sólo mantuve dos contactos con funcionarios del gobierno: en 1972, cuando mi novela Perromundo tuvo algunos problemas estúpidos con la censura, y en 1974, cuando un inspector me amenazó con expulsarme del país si seguía criticando al régimen en los artículos míos que entonces circulaba profusamente la Agencia ALA desde Nueva York por todos los países de América Latina. El inspector sabía que esa agencia la dirigía el exiliado español Joaquín Maurín y que era la que distribuía los artículos de Salvador de Madariaga, Víctor Alba y otros enemigos de la dictadura franquista.
Hay varias razones que explican por qué Granma monta este tipo de campaña difamatoria, que unas veces dirige contra personas y otras contra instituciones como Reporteros sin frontera o la Sociedad Interamericana de Prensa: tratar de destruir a los autores de denuncias o críticas a la tiranía cubana la última dictadura de corte soviético que queda en Occidente sin necesidad de rebatir sus argumentos o desmentir sus informaciones. Es la vieja técnica que los norteamericanos llaman character assassination, propia de las técnicas de manipulación de la información de todas las dictaduras totalitarias. Desde Solzhenitysin hasta Arthur Koestler ningún crítico del estalinismo ha podido librarse de ellas.
Pero en esta oportunidad hay otro ingrediente: la dictadura cubana está muy preocupada con el irreparable deterioro de la imagen del castrismo debido a las crecientes denuncias a la represión, como el asesinato de docenas de personas que huían de Cuba en un barco llamado “13 de marzo”, incluidos 10 niños, a lo que se suma la aparición del sensacional libro El gran engaño, escrito por el periodista uruguayo-alemán José A. Frieldl Zapata, publicado en Buenos Aires, en el que se demuestra sin la menor duda la vieja e intensa conexión entre los hermanos Fidel y Raúl Castro, el narcotráfico y el terrorismo de la izquierda violenta y fanática. Estos nuevos ataques de Granma no son más que una cortina de humo para tratar de desviar la atención del tema que realmente les preocupa.
Montaner, terrorista (II)
• Jefe Nacional de Acción y Sabotaje de un grupo mercenario de la CIA
POR JEAN-GUY ALLARD —especial para Granma Internacional—
EL diario Hoy del 30 de diciembre de 1960, citando a investigadores antiterroristas de la época, señala que el Frente Revolucionario Democrático (FRD), organización contrarrevolucionaria subordinada a la CIA que dirige desde Miami "Tony" Varona, "ha perdido unos agentes activos" con el arresto, el día 26, del terrorista Carlos Alberto Montaner, en su domicilio de Calle 88ª, número 309, del entonces muy exclusivo barrio habanero de Miramar, con dos cómplices, Néstor Manuel Piñango Pérez y Alfredo Carrión Obeso.
Unos meses después de su salida de Cuba bajo la protección de sus padrinos miamenses, Montaner confirmará en una entrevista con el periodista Ángel de Jesús Piñera de la revista Avance, publicada el 27 de abril de 1962 —y exhumada oportunamente hace poco por el colega Raúl Gómez, del sitio web Rebelión— que pertenecía a Rescate Estudiantil, definida por los especialistas como la "sección estudiantil" del FRD terrorista.
Y revela a este periodista que "compartía la jefatura nacional de Acción y Sabotaje" de este grupo con el ya citado Alfredo Carrión Obeso.
En una laboriosa réplica a Granma Internacional, publicada el 16 de agosto, simultáneamente, en el Miami Herald, en El País de Madrid y en el sitio web de la FNCA terrorista, Montaner amplía la información —al tratar de diluir la gravedad de lo que, en la década del 60, consideraba sus hazañas— confirmando el nombre de un tercer cómplice: Jorge Víctor Fernández. Para ampliar un poquito más, se le puede recordar a Montaner que el segundo apellido de este individuo es Romero.
EL FRD, CRIATURA DEL OPERATIVO CIA E. HOWARD HUNT
El FRD que manejaba las actividades del grupo de Carrión y Montaner fue creado por el operativo CIA E. Howard Hunt (el del Watergate) con Manuel "Tony" Varona, ex Primer Ministro y ex Presidente del Senado cubano, para desarrollar acciones terroristas contra la entonces naciente Revolución.
Hunt colaboraba estrechamente con su socio David Atlee Philips, quien dirigía entonces en La Habana las actividades de la CIA.
Asociado con los capos Santo Trafficante y Johnny Roselli, Varona participará en un intento de envenenamiento del presidente cubano Fidel Castro, con cápsulas elaboradas por la CIA que contenían gérmenes de un botulismo fatal. Y su nombre aparece en los archivos del asesinato del presidente norteamericano John Kennedy al lado de los de otros terroristas tales como: Luis Posada Carriles, Guillermo Novo Sampoll y Orlando Bosch.
El FRD se integrará luego al Movimiento de Recuperación Revolucionario (MRR) de Manuel Artime Bueza. Archivos desclasificados de la CIA y confesiones de ex mercenarios confirman que ambos grupos fueron siempre subordinados a la CIA, a sus orientaciones y a su financiamiento.
"bombas, armas, dinamita, mechas y fósforo vivo"
Lo cierto es que el periódico Revolución del 18 de enero de 1961, en su página cuatro, reúne los nombres de los cuatro terroristas del FRD/Rescate Estudiantil al anunciar que "en la causa 6-61, radicada por los delitos de estragos y tenencia de materias inflamables en que aparecían como acusados: Carlos Alberto Montaner Suris, Alfredo Carrión Obeso, Néstor Manuel Piñango Pérez y Víctor Jorge Fernández Romero fueron sancionados a 20 años de reclusión, respectivamente".
El alardoso Montaner, para enriquecer su leyenda personal, siempre alude a una pena de muerte reclamada por la Fiscalía y a su condena "a treinta años de prisión". Lo que es, simplemente, falso.
El texto de la condena, tal como fue reportado por Hoy, señala: "Estos terroristas formaban un grupo de contrarrevolucionarios dirigidos desde el extranjero, dedicados a la actividad terrorista de colocar bombas en la localidades de Marianao y La Habana. Al procederse al arresto de estos elementos se les ocuparon por las autoridades numerosas bombas, armas, dinamita, mechas y fósforo vivo".
Montaner recordará que, a fin de ejecutar sus acciones, los miembros de "sección estudiantil" del FRD se reunían en la casa de Carrión Obeso, en el 86-A esquina a 3ra, en Miramar. Esta casa está ubicada a sólo una cuadra de distancia del lugar de residencia de Montaner donde fueron ocupados los materiales explosivos.
En su edición del 30 de diciembre, el diario Hoy era aún más preciso al indicar que en el registro que se realizó en la casa de Montaner aparecieron además una ametralladora STAR, detonadores, dos pantalones y dos camisas de miliciano "seguramente usados para disfrazarse de soldados rebeldes".
¿en cuÁntos atentados habrá participado?
Los cargos de estragos y tenencia de materias inflamables son parte de la legislación antiterrorista establecida en aquella época frente a la guerra sucia desarrollada por Estados Unidos que, ese mismo año, alcanzó un altísimo nivel.
Para darse cuenta de la gravedad de los hechos hay que subrayar que los archivos periodísticos de la época —a sólo dos años de la victoria revolucionaria sobre la dictadura sanguinaria de Fulgencio Batista y a menos de cuatro meses de la invasión de Playa Girón— reportan, entre los meses de septiembre y diciembre de 1960, más de cien acciones de sabotaje y actos terroristas contra la población de Cuba.
Sólo en el mes de diciembre de 1960, en la Ciudad de La Habana, cuando se arresta a Montaner y a sus cómplices, se menciona el incendio ocurrido el día 15 en la emisora radial CMQ en la capital; una bomba que estalló en la Universidad de La Habana que hirió de gravedad a un estudiante; el incendio del cine Cándido, de Marianao, con siete jóvenes heridos, y el atentado de la tienda Flogar, donde varios niños sufren heridas por la explosión de una bomba.
Si, como lo confiesa Montaner con una franqueza inacostumbrada, en 1962, "compartía la jefatura nacional de Acción y Sabotaje del grupo Rescate Estudiantil"… ¿en cuántos de estos atentados habrá participado?
Los archivos señalan a muchos otros individuos vinculados al grupo de Montaner y Carrión y hallados responsables de acciones terroristas: Roberto del Castillo Fernández; Adrián Sánchez del Castillo; Justo Ascencio Carrillo Hernández; José Ignacio Rasco Bermúdez; Javier Altabás Pardo y Aureliano Sánchez Arango, fueron arrestados en relación con el atentado ocurrido el 28 de febrero siguiente, en la escuela "Nobel Academy", ubicada en la Calzada de Diez de Octubre, reparto la Víbora, apenas un mes después del arresto de Montaner y Carrión.
En esta acción terrorista particularmente cobarde, "resultaron heridas las alumnas María Echaniz (18 años), Olga Valle Díaz (17), María A. Pousa (17), María Victoria Rolda Romero (16), Carmen Valenzuela Castrum (15), Silvia Sánchez Rodríguez (18), Sonia Brito (18) y la profesora de inglés Yolanda Morales Cepeda (36), al estallar un artefacto explosivo".
Robert Reynolds, jefe de la estación CIA de Miami, desde septiembre de 1960 hasta octubre de 1961, confesará luego estos crímenes: "Nosotros habíamos comenzado a hacer algunos sabotajes...", dijo refiriéndose a la bomba en la Nobel Academy, al incendio de las tiendas El Encanto y Ten Cent y a los incendios de los cines Cándido y Riesgo, ocurrido durante una matinée, con un saldo de 27 niños lesionados.
Y al atentado ocurrido el sábado 24 de diciembre de 1960, a unas horas de la celebración de Navidad, en la popular tienda por departamentos Flogar, calle Galiano esquina a San Rafael, en La Habana. Ahí resultarían gravemente heridos Juan René Maragosa, de 13 años de edad, su hermana, Marta, y su mamá, Alicia, por una fuerte explosión que los proyecta al suelo.
Montaner es arrestado 48 horas después de ese acto de terrorismo.
Técnicamente menor de edad en el momento de su arresto —nació en 1943, tiene ya 62 años de edad— Montaner es dirigido hacia el Reclusorio Nacional para Menores Torrens, de escasas medidas de seguridad, lo que le permite escaparse con facilidad unos meses más tarde, con un mercenario del Escambray, Rafael Gerada, para refugiarse en la Embajada de Honduras. El 8 de septiembre de 1961, abandonará el territorio cubano, con destino a Miami, con un salvoconducto dado por la Embajada de Venezuela, a solicitud de sus jefes de Miami.
Hace falta recordar al columnista del Miami Herald que, en Cuba, las condenas por terrorismo no caducan. Carlos Alberto Montaner sigue siendo prófugo de la justicia cubana con una condena por cumplir.
APOYÓ LAS ATROCIDADES DEL ESCAMBRAY
"Fuimos apresados casi en el momento mismo en que comenzábamos a intentar ayudar a las guerrillas campesinas del Escambray", dice Montaner en su texto de agosto. Para el que ignora todo de la historia de Cuba, esa pirueta del comentarista del Miami Herald para absolverse no significa gran cosa, pero para el que sabe de las atrocidades cometidas en el Escambray cubano por mercenarios de la CIA, la confesión de Montaner es propiamente escandalosa.
En esas montañas situadas en la región central del país, tropas mercenarias organizadas y financiadas por la CIA, con la colaboración de organizaciones como el FRD, el MRR y Alpha 66 —bien conocidas por Montaner— que tenían su base en el propio territorio de los Estados Unidos, se dedicaron, con el objetivo de sembrar el pánico y la desconfianza en el campesinado, a quemar escuelas, robar, asesinar a maestros, campesinos, obreros agrícolas, arrasando familias enteras.
El 5 de enero de 1961, apenas unos días después del arresto de Montaner y Carrión, fueron asesinados el maestro voluntario Conrado Benítez García y el campesino Eliodoro Rodríguez Linares, en Las Tinajitas, San Ambrosio, Trinidad, Sancti Spíritus. Participaron en ese hecho los bandidos Macario Quintana Carrero, Julio Emilio Carretero Escajadillo y Ruperto Ulacia Montelier, integrantes de la banda de Osvaldo Ramírez García.
El Informe del Inspector General de la CIA, Lyman Kirkpatrick, ahora desclasificado, confirma cómo armas, municiones, explosivos, equipos de comunicación, de procedencia norteamericana entraban a Cuba por vía aérea, marítima e incluso por canales diplomáticos. Así, la llamada "Operación Silencio" consistió en la realización por la CIA de doce operaciones aéreas entre septiembre de 1960 y marzo de 1961 —sí, mientras Montaner dirigía su grupo de "Acción y Sabotaje"— para el abastecimiento a las bandas contrarrevolucionarias. Fueron entregadas entonces "alrededor de ciento cincuenta y un mil libras de armas, municiones y equipos", según el documento.
Más de 500 cubanos, entre ellos decenas de mujeres y de niños, murieron en estos enfrentamientos salvajes que se extendieron durante varios años.
¿Seguirá Montaner mintiendo al negar que dirigió operaciones terroristas, cuando se jactó públicamente, en 1962, de haber dirigido la sección Acción y Sabotaje del FRR/Rescate Estudiantil de Tony Varona? ¿Confirmará por fin que participó en las operaciones de abastecimiento de las tropas mercenarias del Escambray, tal como también lo confesó abiertamente hace 43 años? ¿Confesará que sí fue terrorista y que colaboró activamente con la CIA?
En fin, ¿reconocerán ante sus lectores el Miami Herald y el Nuevo Herald que están abriendo sus columnas a un individuo que no sólo desarrolló actividades terroristas sino que confesó haber dirigido personalmente las acciones de todo un grupo de terroristas?